viernes, 22 de enero de 2016

Gigantes de la tecnología acusadas de beneficiarse de la explotación infantil

Este artículo se ha publicado en Información Sensible
Amnistía Internacional
Amnistía Internacional denuncia en su último informe que multinacionales como Apple, Samsung o Vodafone no hacen las "comprobaciones básicas" sobre el origen del cobalto que utilizan. Los investigadores describen el camino que sigue el mineral, desde su extracción en el Congo hasta llegar a las grandes compañías en forma de componentes para sus baterías. Descubren que en las minas de Kolwezi, donde trabajan también niños, se ocultan cadáveres de mineros para tapar los numerosos accidentes que sufren allí.


En el informe ‘Esto es por lo que morimos’ (This is what we die for), Amnistía Internacional denuncia que compañías como Apple, Huawei, LG, Samsung o Sony compran cobalto para la fabricación de sus productos sin cuestionarse que el material pueda estar siendo extraído por niños explotados.

En la República Democrática del Congo (RDC), donde se produce la mitad del cobalto de todo el mundo, tanto adultos como niños trabajan “explotados” en minas y en “condiciones peligrosas” para extraer el material, asegura Amnistía Internacional en su informe.

El camino del cobalto, de la mina a tu smartphone
La organización explica el proceso que sigue el cobalto desde que es extraído hasta que llega a las grandes compañías en forma de complementos para las baterías de teléfonos móviles o coches eléctricos.

Los investigadores de Amnistía Internacional siguieron vehículos de mineros y comerciantes que transportaban cobalto desde las minas de la ciudad de Kolwezi hasta un mercado en Musompo, donde eran vendidos los minerales. Allí, comerciantes independientes, la mayoría chinos, compran el cobalto sin tener en cuenta de dónde viene o cómo ha sido extraído, señalan.

Por su lado, estos comerciantes venden el mineral a grandes compañías en RDC, donde es procesado y exportado. Una de las mayores compañías en el centro de este negocio es Congo Dongfang Mining.

Esta empresa es propiedad de la China Huayou Cobalt, en Zhejiang, una de las mayores del mundo en la fabricación de productos hechos con cobalto y que opera en la República del Congo desde 2006. Congo Dongfang Mining compra el cobalto a los comerciantes que a su vez lo compran directamente a los mineros. La empresa funde el mineral en su planta en RDC antes de exportarlo a China.

Una vez en China, Huayou Cobalt vende el cobalto procesado para la fabricación de baterías en China y Corea del Sur. De esta forma, el material va a parar a compañías de marcas muy conocidas.

En busca de la respuesta de las multinacionales
Los investigadores acudieron a las compañías que se incluían como clientes de los fabricantes de componentes para baterías, para averiguar cómo el cobalto acaba en los productos de los consumidores, es decir, cómo funciona esta cadena de suministro internacional. Así como para preguntar sobre las políticas de cada empresa.

Amnistía Internacional escribió a Huayou Cobalt y a otras 24 compañías, repartidas en China, Alemania, Japón, Corea del Sur, Taiwan, Reino Unido y Estados Unidos.
Estas compañías están entre las mayores del mundo y son conocidas por sus productos electrónicos:  Apple, Dell, HP, Huawei, Lenovo (Motorola), LG, Microsoft Corporation, Samsung, Sony y Vodafone. También se incluyen en la lista de Amnistía Internacional fabricantes de vehículos como Daimler AG, Volkswagen y la firma china BYD.

Estas multinacionales, con las que los investigadores de Amnistía Internacional contactaron para obtener respuestas, no dan datos sobre el origen del cobalto que contiene sus productos, dicen desconocerlo o niegan que exista relación con la compañía china Huayou Cobalt o que el material proceda del Congo.

Mineros sin derechos
En su investigación, Amnistía Internacional habló también con 87 mineros del Congo, 17 de ellos niños. Uno de los testimonios que recoge el informe es el de un niño de 14 años que cuenta cómo su familia adoptiva lo obligaba a trabajar en las minas, llegando a pasar bajo tierra hasta 24 horas seguidas: "Llegaba por la mañana y me marchaba a la mañana siguiente… Tenía que hacer mis necesidades allí abajo". 

Ocultación de cadáveres
La organización denuncia además que cuando los mineros mueren bajo tierra, "los cadáveres se dejan enterrados bajo las rocas" lo que impide contabilizar con precisión cuántos mineros sufren accidentes mortales.Los investigadores calculan que al menos 80 personas murieron trabajando en las minas de Kolwezi entre septiembre de 2014 y diciembre de 2015.


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