domingo, 7 de febrero de 2016

TTIP: ¿Cuándo verá la luz?

La  portavoz de ATTAC Madrid asegura que el TTIP solo beneficiará a las empresas con capacidad de exportar

Este artículo se ha publicado en Información Sensible
Sigue pendiente la firma del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP), el tratado de libre comercio entre Europa y Estados Unidos. Si no se cierran las negociaciones para firmarlo antes de que acabe la legislatura de Obama, el acuerdo para el polémico tratado se complicará.


La comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, dijo en una entrevista realizada el pasado diciembre que "El TTIP podría estar firmado en 2016".  Malmström explicó que la Comisión intenta "enfilar la negociación bajo el mandato de Obama", que dejará la presidencia de EEUU en enero de 2017. "Si no, habrá que hacer una pausa" y todo se demorará más tiempo, añadió la comisaria.

¿Qué posibilidades hay de que se firme el Acuerdo en 2016?
La portavoz de ATTAC Madrid (Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana), Cuca Hernández, ve “bastante difícil” que el acuerdo llegue a firmarse dentro del plazo que marca la agenda de Comercio, porque, asegura, “respecto al TTIP se ha llegado a trabajar sobre menos del 50%”.

El acuerdo que está más próximo de ser aprobado finalmente este año es el que la Unión Europea mantiene con Canadá, el CETA (Acuerdo integral de Economía y Comercio), y a pesar de estar mucho más avanzado que el TTIP y de que su ratificación ya ha sido propuesta para mayo, todavía no es segura.

Este acuerdo “se suponía cerrado desde el pasado septiembre, y aún se están introduciendo modificaciones”, explica Hernández añadiendo que faltan algunas etapas por completar, como la traducción obligatoria a todos los idiomas.

En el caso del TTIP, que pretende equiparar las condiciones en las que salen a la venta los productos en EEUU y en Europa, las negociaciones se encuentran obstaculizadas por una serie de líneas rojas que impiden los acuerdos.

Por ejemplo, explica Hernández, una de las líneas rojas es que “EEUU no quiere renunciar a la desaparición del etiquetado de alimentos o a la introducción de transgénicos. En la Unión Europea (UE) existe un control sobre la trazabilidad del producto, su etiquetado, mientras que en EEUU no hay exigencias en cuanto a demostrar la inocuidad de los productos.”

Además, una de las condiciones que ponen los parlamentarios europeos y que, a juicio de Hernández, es una de las cuestiones por las que se están retrasando las negociaciones, es que se acepte la creación del ICS (Investment Court System), un tribunal internacional que estaría al servicio de las empresas inversoras, quienes podrían recurrir a él en caso de irregularidades que afectaran a sus intereses. Para los ciudadanos, la creación o no de esta herramienta legal no supondría ningún cambio, pues serían las empresas y no los gobiernos las que recurrirían a ella.

Más de 120 organizaciones ciudadanas contra el TTIP
En mayo de 2014, cuando estaban próximas las elecciones al Parlamento Europeo, más de 120 organizaciones ciudadanas, tanto de la UE como de EEUU, presentaron un manifiesto común contra el Tratado, y destacaban: “Sabemos que las grandes empresas tienen cerca de 600 representantes que asesoran el proceso”.

La portavoz de ATTAC Madrid confía en que la oposición ciudadana está siendo otro de los motivos que ponen freno a las negociaciones sobre el acuerdo, “está calando en los parlamentarios”, considera. Hernández no duda de que existe un interés en que el Tratado se firme antes del fin del mandato de Obama. Un interés que viene, “por un lado, de parte de los demócratas en EEUU, porque en el lado de los republicanos existe una división sobre este asunto, y por otro de parte de las grandes multinacionales”.

¿En qué nos beneficia la firma del TTIP?
La experta consultada no ve en la introducción de  productos de EEUU ningún beneficio para la mayoría de trabajadores. “Desbarataría los costes de producción en Europa ysólo ganarían las empresas con capacidad de exportar”, asegura.

Hernández advierte que habría que tener en cuenta la introducción anterior de otros tratados internacionales, “como el NASTA, que supuso la desaparición de un millón de puestos de trabajo en EEUU”, recuerda, “con el TTIP, los trabajadores saldrían perdiendo, en Europa y en EEUU también”.

Empresarios españoles salen en defensa del TTIP
Por otro lado, los empresarios españoles, representados en la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), y apoyados por la Cámara de Comercio de España y el Instituto de Estudios Económicos (IEE), presentaban el pasado 14 de enero el estudio “El impacto en la economía española de la firma del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión con EE.UU.” 

Este trabajo, dirigido por la profesora de la Universidad Complutense Concepción Latorre, contempla las negociaciones sobre el TTIP desde la postura optimista de que el acuerdo “contribuirá a avanzar hacia una mayor integración del mercado intracomunitario de servicios”.

Entre sus conclusiones, el estudio señala que el PIB español “crecería de forma adicional y anualmente tras la aplicación del acuerdo y como consecuencia exclusiva del propio acuerdo”. Los defensores del TTIP concluyen también en su estudio que el principal efecto del TTIP “sería facilitar el acceso a nuevos mercados de exportación para las empresas españolas, lo que elevaría sus exportaciones, producción y empleo; Los pocos sectores que contraían su producción pasan a crecer, o caen menos, y los que ya crecían lo hacen aún más”.


En definitiva, estos investigadores consideran que “los efectos de una negociación de este acuerdo son netamente positivos para la economía española y para el empleo”, y así lo quisieron reflejar también a través de las redes sociales:









El estudio de la CEOE "es propaganda"
Frente a estas afirmaciones, Cuca Hernández considera que “habría que ver cómo se explica esto a las PYMES o a los autónomos”, ya que la introducción de productos de EEUU “desbarataría los costes de producción en Europa", asegura Hernández.

Para esta defensora de los trabajadores, el estudio de Latorre “es propaganda”, porque se trata de un documento “absolutamente parcial, que se preocupa únicamente de los intereses de los inversores, de cara a abrir su mercado a EEUU” pero, asegura Hernández, no tienen en cuenta la agresividad del modelo de comercio estadounidense. Hernández pone como ejemplo la agricultura: “EEUU emplea una mano de obra que es diez veces inferior a la de Europa, es un modelo agro-industrial”, que no busca la creación de empleo.

Además, Hernández señala algo que, a su juicio, deberían tener en cuenta los estudios que buscan avalar la idoneidad del TTIP: La posibilidad de una nueva crisis financiera, que la experta cree que “está a la vuelta de la esquina”.

Lo señalado en el informe que presenta la CEOE es contrario a lo que un estudio independiente de la Tufts University advertía ya en octubre de 2014.

Su autor, el profesor Jeronim Capaldo, asegura que el TTIP tendría consecuencias más serias para los países miembros de la UE porque los estudios sobre el Acuerdo “se sustentan fuertemente sobre un modelo económico que no es adecuado”.  

Frente a esto, el autor propone una evaluación sobre el TTIP que tenga en cuenta el ajuste económico: “Hemos usado el modelo de las Naciones Unidas de Política Global (United Nations Global Policy Model) para simular el impacto que tendría el TTIP en la economía global en un contexto de prolongada austeridad y bajo crecimiento, especialmente en EEUU y la UE”. Atendiendo a este modelo de análisis, el profesor señala en su informe estos resultados:

- El TTIP llevaría a pérdidas netas en términos de exportaciones netas hasta una década después de ser aprobado, y serían las economías del Norte de Europa las que sufrirían las mayores pérdidas (2,7 % del PIB), seguidas de Francia (1,9%), Alemania (1,4%) y Reino Unido (0,95%).

- El TTIP llevaría a pérdidas netas del PIB, de manera que los países del Norte de Europa sufrirían la mayor reducción del PIB (-0,50%) seguidos de Francia (-0,48%) y Alemania (-0,29%). 

- El TTIP llevaría a pérdidas en los ingresos del trabajo. Francia sería la más perjudicada, con pérdidas de 5.500€ por trabajador, seguida de los países de Europa del Norte (4.800€ por trabajador), Reino Unido (-4.200€ por trabajador) y Alemania (-3.400€ por trabajador).

- El TTIP llevaría a pérdidas de puestos de trabajo. Calculamos que aproximadamente 600.000 puestos. Los países del Norte de Europa serían los más afectados (-223.000 puestos), seguidos de Alemania (-134.000 puestos), Francia (-130.000 puestos) y los países del Sur de Europa (-90.000 puestos).

- El TTIP llevaría a una pérdida en los ingresos públicos del gobierno. El superávit de los impuestos indirectos (como los impuestos sobre ventas o valor añadido) sobre los subsidios disminuirá en todos los países de la UE, con Francia sufriendo la mayor pérdida (0.64% del PIB).

- El TTIP llevaría a una mayor inestabilidad financiera y acumulación de desequilibrios. Con los ingresos de las exportaciones, de los sueldos y del gobierno disminuyendo, la demanda tendría que ser sostenida por los beneficios y la inversión. Pero con un crecimiento del consumo débil, los beneficios no pueden venir de un incremento en las ventas. Un supuesto más realista es que los beneficios y la inversión serían sostenidos por el incremento en los precios de los activos. Esto consistiría, asegura el experto, en una inestabilidad macroeconómica.

Con estas predicciones que realiza la Tufts University, las opciones de cada Estado para estimular la economía quedarían muy limitadas.

Capaldo concluye que, dado el escenario actual de altas tasas de desempleo y ritmo de crecimiento bajo, “buscar un incremento del volumen comercial no es una estrategia recomendable para la UE”, ya que “incrementar la presión sobre las rentas del trabajo dañaría todavía más la actividad económica”, apunta.

Las negociaciones sobre el TTIP se iniciaron en julio de 2013 y todo apunta a que llegaremos a 2017 sin que se hayan cerrado. O bien varios estados europeos organizan un referéndum vinculante o sería el Parlamento Europeo el encargado de ratificar el Tratado. 

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