jueves, 14 de noviembre de 2013

La era del emprendimiento y la responsabilidad

Este artículo ha sido publicado en El Diario Fénix

Imagen de lapatria.com

En los últimos días el concepto sobre el que más he oído hablar es “emprender”. En el 8º Foro de Empleo de la UCLM, que se celebró hace dos semanas en el campus de Toledo, todas las comunicaciones que escuché compartían el objetivo de motivar a los estudiantes bajo el lema del esfuerzo.



Allí nos aclararon que emprender no significa sólo montar un negocio o financiar un proyecto, sino que es, sobre todo, una actitud: la de ser proactivo. “Perseguir el éxito por adelantado” es lo que tenéis que hacer, nos decía el coach ejecutivo Enrique Fuentes, especialista en entrenamiento de equipos comerciales. Personalmente me gustó mucho su conferencia Coaching para la búsqueda de empleo, pero al recordar sus consejos tengo cierta sensación de que se dirigían más a darnos motivos para no perder la esperanza. 

Haciendo un mix de esta conferencia y la anterior, impartida por el coach estratégico Juan Carlos Cubeiro, las conclusiones son que nuestra generación, aunque muy preparada, es pasiva, carente de responsabilidad y de compromiso, que debe empezar a emplear todas sus energías en perseguir el trabajo de sus sueños si de verdad quiere encontrarlo. Porque, según explicó Cubeiro, “ya no estamos en crisis”, sino que la crisis está en nuestro miedo porque estamos experimentando “un cambio de época radical”.

“¿Qué coste estáis dispuestos a pagar  por tener miedo?”

El miedo, otro concepto que apareció en todas las ponencias a las que pude asistir y que, por abordar el asunto de la precariedad laboral desde la perspectiva de la automotivación y la superación de retos personales, me recordaron a las charlas que más de una vez he mantenido con un familiar mío que es psicoterapeuta. Invitándonos a pensar sobre nuestras metas, Fuentes nos planteaba la pregunta: “¿Qué coste estáis dispuestos a pagar  por tener miedo?” Creo que esta cuestión, como otras que se plantearon en el mismo contexto, es algo que sin duda todos nos debemos preguntar.

¿De verdad no hay crisis?

Aunque nos venga bien de vez en cuando una dosis extra de motivación para no perder la pasión por lo que nos gusta, creo que no son charlas a modo de lecciones de autoayuda lo que necesitamos ahora los jóvenes españoles. Y no puedo ver la situación de una forma tan optimista como para creer que no hay crisis en el mercado laboral sino que la crisis está en nosotros mismos y en nuestra “falta de compromiso con el éxito”.

Una cultura de la responsabilidad

‘Responsabilidad’ fue otro de los conceptos más nombrados al hablar de emprendimiento y futuro profesional. Y precisamente hace unos días volvimos a hablar de la verdadera responsabilidad. Esa que entendemos como asumir que tu supervivencia depende de tus esfuerzos. El pasado día 7, en un acto de presentación de un nuevo medio de comunicación que tuvo lugar en el campus de Cuenca,  el alcalde de esta ciudad, Juan Ávila, explicaba que la más que nombrada crisis en España “es, antes que económica, una crisis social, política e institucional” y que uno de los mayores problemas sociológicos es que “se dicen cosas para hacer que la gente mire a otro lado”. En este sentido, hablaba el alcalde de la necesidad de fomentar “la cultura de la responsabilidad, personal y ética” que lleve a una “revolución cultural”, considerando, al igual que Cubeiro, que nos enfrentamos a un cambio de era. 

Al escucharlo y ver que defendía el verdadero significado de ‘responsabilidad’, le pregunto por cómo nos tenemos que tomar que la clase política, con sus privilegios legales y sus constantes faltas de responsabilidad hacia el compromiso social que asumen con su cargo, pida a los ciudadanos una revolución cultural basada en principios que tantos altos cargos parecen no conocer. Sin dudarlo, Ávila me responde que “los políticos son los primeros que tienen que dar ejemplo”. Pero ahí tenemos a nuestros corruptos, haciendo de la ‘Marca España’ un concepto de chiste, por esa costumbre nuestra de reírnos por no llorar. Así que depende de cada uno de nosotros el fomentar esa cultura del compromiso y el esfuerzo, porque sólo hay una forma, practicándola.



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