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La televisión, sobre todo, vende estilos de vida. Bombardea al espectador con publicidad y casi la totalidad de su programación está fabricada por los intereses capitalistas que más poder tienen en la industria cultural. Sí, nuestra sociedad industrializada, además de bienes, produce en serie modelos de vida, cultura, ideología vehiculada por los medios.
"Los libros hacen creer a la gente en otro posible modo de vida"
En 1953, cuando la televisión empezaba a extenderse
y asomaba en nuestra sociedad la amenaza de la soberanía de la cultura de la
imagen, Ray Bradbury publicó su obra Fahrenheit
451, una distopía basada en el rechazo de lo escrito y el triunfo de la
seducción televisiva. La novela fue
llevada al cine en 1966, del la mano del francés François Truffaut. En el film llama la atención, desde el principio, que no hay créditos, todo es oral. En la
sociedad de Fahrenheit 451 los
encargados de mantener la jerarquía social son los bomberos, y lo hacen
evitando la lectura, quemando todo documento escrito.
El protagonista, Montag, es uno de los guardas de "la seguridad y el orden”, que entran en las casas donde los ciudadanos esconden libros, historia, memoria, cultura, ideas; que es lo que los bomberos han de destruir. La televisión es el medio dominante, a través del cual los ciudadanos sienten que son parte de una comunidad que cuida de ellos, de su bienestar y sus deseos. Pero esos deseos son inducidos por los noticiarios, que se refieren a los libros hablando de “elementos insociables”. Los periodistas dan las pautas para las relaciones sociales, la programación lo reduce todo a los asuntos más cotidianos, sobre los que aconsejan al espectador. Los periódicos no están prohibidos, pero son todo imágenes ¡nada escrito!
El protagonista, Montag, es uno de los guardas de "la seguridad y el orden”, que entran en las casas donde los ciudadanos esconden libros, historia, memoria, cultura, ideas; que es lo que los bomberos han de destruir. La televisión es el medio dominante, a través del cual los ciudadanos sienten que son parte de una comunidad que cuida de ellos, de su bienestar y sus deseos. Pero esos deseos son inducidos por los noticiarios, que se refieren a los libros hablando de “elementos insociables”. Los periodistas dan las pautas para las relaciones sociales, la programación lo reduce todo a los asuntos más cotidianos, sobre los que aconsejan al espectador. Los periódicos no están prohibidos, pero son todo imágenes ¡nada escrito!
Aunque Montag se dedica a colaborar con la
destrucción de la cultura escrita, ve en
su esposa la ausencia de sentimiento, se da cuenta
de que vive en la apariencia, en un vacío insostenible. “No os interesáis por
nada, no vivís, sólo matáis el tiempo”.
Ella vive convencida de la peligrosidad de la lectura y el
individualismo, siempre que puede está pendiente de la televisión, para estar acompañada.
Montag decide leer, empieza a hacerlo todas las noches. ¿Por qué? ¿falta de respuestas, una vía de escape? En cualquier caso, la lectura es una búsqueda y una liberación. Montag enfrenta sus pensamientos a los de su jefe, que defiende que “los libros hacen creer a la gente en otro posible modo de vida, que no es posible”; “quien lee se siente superior a quien no lo hace”; “sólo se alcanza la felicidad estando todos al mismo nivel”. Montag comprende que con su trabajo ha estado colaborando con una homogeneización en la ignorancia y cuando ve peligrar sus libros justifica la violencia diciéndose: “el sistema debe destruirse a sí mismo”.
Para salvar su causa lanza fuego contra el jefe del cuerpo de bomberos, lo deja morir ardiendo. Tras esto, los medios, que dicen a la gente lo que espera para no romper la “estabilidad”, anuncian su captura: “su crimen ha sido castigado”. Pero Montag es libre, entra en el mundo de los lectores que viven al margen de la mayoría. En su aislamiento, se hacen llamar por el título del libro que han elegido y que también queman. Conservan los libros donde nadie puede encontrarlos, en el pensamiento, en el recuerdo, que es el idioma de los sentimientos.
El poder de la información
Montag decide leer, empieza a hacerlo todas las noches. ¿Por qué? ¿falta de respuestas, una vía de escape? En cualquier caso, la lectura es una búsqueda y una liberación. Montag enfrenta sus pensamientos a los de su jefe, que defiende que “los libros hacen creer a la gente en otro posible modo de vida, que no es posible”; “quien lee se siente superior a quien no lo hace”; “sólo se alcanza la felicidad estando todos al mismo nivel”. Montag comprende que con su trabajo ha estado colaborando con una homogeneización en la ignorancia y cuando ve peligrar sus libros justifica la violencia diciéndose: “el sistema debe destruirse a sí mismo”.
Para salvar su causa lanza fuego contra el jefe del cuerpo de bomberos, lo deja morir ardiendo. Tras esto, los medios, que dicen a la gente lo que espera para no romper la “estabilidad”, anuncian su captura: “su crimen ha sido castigado”. Pero Montag es libre, entra en el mundo de los lectores que viven al margen de la mayoría. En su aislamiento, se hacen llamar por el título del libro que han elegido y que también queman. Conservan los libros donde nadie puede encontrarlos, en el pensamiento, en el recuerdo, que es el idioma de los sentimientos.
El poder de la información
También V, el personaje que Alan Moore creó en 1980
para su novela gráfica V de Vendetta,
justifica la violencia para defender la justicia, se apoya en la venganza. La
historia, otra distopía, llegó a la gran pantalla en 2006, de la mano
de James McTeigue. La imagen de V es la de Guy
Fawkes, personaje que forma parte de la
historia británica del siglo XVII por intentar
volar el parlamento para acabar con el
Rey, el 5 de noviembre de 1605. Fue un acto de venganza en defensa de
los católicos, que habían sufrido la represión del gobierno de la reina Isabel
I.
El film V de Vendetta muestra
la confrontación entre dos ideologías radicales, el anarquismo y el fascismo.
Tras una III Guerra Mundial, Inglaterra
queda dominada por una dictadura que controla la sociedad y cuyo principal objetivo es la sumisión. Los medios colaboran
con los soberanos, desinforman para ocultar las estrategias y planes del
gobierno. Los periodistas aparecen como
manipuladores e interesados, que basan su trabajo en mantener el orden social
impuesto. El poder valora y protege la
información por encima de todo, son palabras del “canciller”, representado en
el film por John Hurt: “La seguridad de ésta nación depende de un total y
completo acatamiento. La seguridad de la información es primordial” (1:47).
George Orwell |
Algo
similar sucede en la sociedad de
1984, la también distópica novela de George Orwell, que se llevó al cine en el mismo año que le da nombre bajo la dirección de
Michael Radford. George Orwell, que
además de escritor fue periodista, murió en 1950 y escribió 1984 en sus últimos años de vida. En esta obra vemos reflejado su pensamiento más profundo, la síntesis de su visión política y social.
Cultura de la imagen para todos
En unas pocas décadas nuestra sociedad fue solidificando la
cultura de la imagen. Mediante lo que la Teoría de la Comunicación ha definido
como “secuestro o mediación de la experiencia”, la información ofrecida
consigue que los deseos de Winston (1984)
sean los propios objetivos del Partido, disfrazados, inducidos. Y lo mismo hace
V, que, dirigiéndose a toda la ciudad a través de la televisión, consigue el
apoyo a la violencia que defiende y que lleva a cabo. También la esposa de
Montag condiciona su existencia a lo que recibe de la televisión. Se da un tipo de comunicación
funcional, que favorece intereses comunes,
políticos. ¿Os suena? Quizá esa
instauración de la cultura de la imagen no sea un inocente componente del
Estado de Bienestar.
En un contexto de ficción, Fahrenheit 451, 1984 y V de Vendetta reflejan la afirmación de Nicklas Luhmann de que los medios de comunicación masivos construyen el mundo, distorsionando nuestra percepción de la realidad. Los medios forjan elementos comunes posibilitando así una vida social organizada. Según Luhmann, los medios privilegian lo nuevo, cortando el vínculo entre presente y pasado. En la vida real, en nuestra sociedad, no hay pantallas y micrófonos que nos vigilen constantemente, ni bomberos quema libros. Pero hay capitalismo que se adueña de nuestro tiempo de ocio a través de los medios de masas, que convierten nuestro tiempo en dinero.
En un contexto de ficción, Fahrenheit 451, 1984 y V de Vendetta reflejan la afirmación de Nicklas Luhmann de que los medios de comunicación masivos construyen el mundo, distorsionando nuestra percepción de la realidad. Los medios forjan elementos comunes posibilitando así una vida social organizada. Según Luhmann, los medios privilegian lo nuevo, cortando el vínculo entre presente y pasado. En la vida real, en nuestra sociedad, no hay pantallas y micrófonos que nos vigilen constantemente, ni bomberos quema libros. Pero hay capitalismo que se adueña de nuestro tiempo de ocio a través de los medios de masas, que convierten nuestro tiempo en dinero.
Pero no podemos generalizar y echarles la cruz encima a los medios en general y a los periodistas en particular. Toda información esconde algún interés, pero no todo interés está dirigido a minar las libertades de los ciudadanos. Siempre ha habido, hay y habrá buenos periodistas, dispuestos incluso a arriesgar su vida por destapar la verdad y ofrecérnosla a todos. Por eso, los ciudadanos, para ponernos en el camino hacia un mundo más justo, debemos esforzarnos en la tarea de selección de la información, tener criterio a la hora de dejarnos sugestionar y confiar en los profesionales de la comunicación. El buen periodismo no depende de su soporte, sino de la selección de sus fuentes, la calidad del contenido con el que trabaja y, por supuesto, su interés público (no del público).
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