“Existe una especie de
solidaridad interhumana que jamás deberían destruir las frías razones
políticas”
Portada de la edición de 2003. Barcelona: Anagrama. La primera se publicó en 1976 |
Encontramos en este título
una de las reflexiones recogidas en Un día más con vida, el relato del
periodista Ryszard Kapuscinski (Polonia, 1932 – 2007) sobre los tres meses que
vivió en Angola, entre agosto y noviembre de 1975. Un periodo, tras el fin del
poder colonial portugués, en el que el gobierno provisional por la
independencia de Angola queda dividido y se desata una guerra civil que se
prolonga durante más de tres décadas.
“…la imagen de la guerra es intransferible. No se puede transmitir ni con la pluma ni con la voz ni con la cámara. La guerra es una realidad sólo para aquellos que están apresados en su interior, sangriento, sucio y repugnante”.
Consciente de la dificultad
de hacer sentir una realidad a quienes están lejos de ella, en 182 páginas el
llamado maestro del periodismo cuenta su experiencia en Angola a modo de diario
personal. Al relato de sus vivencias añade una explicación sobre este extenso
territorio del sur de África: su clima, su población, la represión a la que fue
sometida por el poder colonial, su historia política y, sobre todo, humana. Un
día más con vida es una obra tan literaria como periodística, en la que
Kapuscinski, para contar la guerra, se convierte, como diría Ramón Lobo, en un
buscador de contextos. De detalles que encuentra en las personas y en su
relación con ellas.
Describe la personalidad
de aquellos con los que convive, también soldados y líderes de los distintos
frentes, pero no habla de ideologías o posicionamientos, sino del sentido que
le trasmite todo lo que le rodea. Describe la incertidumbre, y la desesperación
de las personas que atiborraban el hotel Tívoli cuando él llegó a Luanda,
viendo cómo la población huía de allí en estampida, enfrentándose unos con
otros para poder subir a un avión. Él se queda, en una tierra cada vez más
abandonada y destruida, para observar, sentir y contar lo que y a quien allí
conoce. Observa a los soldados y ve a hombres que no quieren luchar ni matar,
sólo sobrevivir: “no busca que sus balas alcancen al enemigo, lo que busca es matar su propio miedo”. Kapuscinski
obliga al lector a detenerse sobre detalles que describe con delicadeza,
mostrando sus propias reflexiones.
“A pesar de que los dos mundos –el del lujo y el de la miseria- lindan entre sí y que nadie vigila los ricos barrios europeos, los negros de las chabolas no intentan adueñarse de ellos. Semejante idea, simplemente, no se les pasa por la cabeza. Tal vez sea esta la mejor explicación de su pasividad”.
Se mira también a sí mismo,
revela su propia vulnerabilidad ante el conflicto que lo amenaza y aquello a lo
que se aferró para superar cada día. El télex que le permitía la comunicación
con Varsovia, un vaso de agua que le evitara un desmayo o alguien amable con
quien hablar fueron elementos que ayudaron a Kapuscinski a mantener la idea de
que “incluso la peor de las situaciones, si en tal nos hallamos, se descompone
en elementos simples entre los cuales habrá algunos a los que asirse”.
muy bueno, enhorabuena.
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